‘The Big Bang Theory’ se ha despedido con una imagen que resume no sólo el porqué hemos seguido esta serie durante tanto tiempo, sino también el porqué la echaremos de menos: la confortable arcadia creada del grupo de amigos que comparte sus vidas con sentido del humor, engullendo comida a domicilio y bromeando sin parar. Es formar parte de estos momentos lo que ha hecho que durante doce años, y a pesar de que ha perdido inevitablemente frescura en comparación con sus mejores momentos, su público siempre ha encontrado un momento para pasar un rato con Sheldon y compañía. Sobre este último se ha centrado el último tramo de la serie, cerrando el arco de un personaje que, como bien le recuerda Penny, ha cambiado mucho si lo comparamos con el primer episodio. Lo hemos visto volverse menos robótico y más humano, menos rígido y más cercano. Y la victoria del Nobel ha servido como una prueba para que ése Sheldon al que sólo le importaba su carrera dejara paso finalmente al Sheldon al que le importan sus amigos.

Ellos, la “única constante” en su vida, han sido al final los grandes homenajeados, junto a Amy, en la entrega del Nobel. La idea es consistente con el personaje y también con una serie que ha acabado siendo el último bastión de las sitcoms de amigos, un subgénero que ha ido perdiendo popularidad desde su época de mayor éxito, en los años 90, con ‘Seinfeld’ (1989-1998) y ‘Friends’ (1994-2004). En la primera no se abrazaban nunca y en la segunda se abrazaban constantemente, pero a pesar de ser polos opuestos en muchos sentidos tenían en común el hecho de permitir al espectador formar parte de un grupo de amigos mucho más divertido que los de la vida real. Pues por algo es ficción. El género ha tenido una ficción de referencia popular desde entonces, con ‘How I Met Your Mother’ (2005-2014), que tomó el relevo de ‘Friends’, y ‘The Big Bang Theory’ (2007-2019), que ha alargado la vida del género hasta hoy. Esta última no ha encontrado una sucesora, ya que otras sitcoms de amigos estrenadas en los últimos años han quedado lejos, en términos de popularidad, de estos grandes nombres.

Es como si el mundo de la ficción televisiva, que en los últimos años se ha vuelto más complejo, serio y también pretencioso, hubiera olvidado que también es necesario echarse unas risas. Como si los géneros ligeros que buscan el confort para la audiencia hubieran perdido el apoyo de unos espectadores que prefieren ser sacudidos por escenas inesperadas y desafiados por personajes cínicos e incómodos. En el menú televisivo de un servidor hay espacio para todo. Para las muertes inesperadas de ‘Juego de Tronos’ y el drama de ‘The Leftovers’, pero también para unas cuantas punchlines que me pongan de buen humor. Para políticos corruptos y traficantes de drogas, pero también para noches de Halo y peripecias en un ascensor por fin arreglado. Quizás lo que ocurre no es un cambio de preferencia, si no que ahora se considera este subgénero algo menor. Al contrario. Hacer una sitcom que funcione es muy complicado y en ‘The Big Bang Theory’ lo han conseguido, a pesar de un evidente desgaste, durante doce temporadas. Se les va a echar de menos.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en El Món de Rac 1, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y Web Crític. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guión Showrunners BCN e le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya, 2014.