Muchos escritores de autoayuda, inspirados sin saberlo por unos versos del poeta griego Cavafis, seguramente seguirán insistiendo en la idea de que lo importante, cuando iniciamos una aventura, es el viaje en sí, y no el final del trayecto. Que no se trata de llegar a ninguna parte, sino del proceso de intentarlo, y de aprender mientras tanto. La idea es estupenda y aplicable a muchos aspectos de la vida, pero no sirve si intentamos expresar lo que hemos sentido durante los últimos diez años al ver evolucionar paso a paso el Marvel Cinematic Universe, una orgía de 22 películas que, al estilo de los cómics de grapa, iba construyendo página a página -escena a escena- y capítulo a capítulo la mayor saga épica de nuestro tiempo. Algo así, tan bien articulado, con tramas trenzadas de manera tan hábil, y compuesto por tantos registros -cine adolescente cuando entra en juego Spider-Man, blaxploitation al servicio de Black Panther, comedia en las últimas apariciones de Thor, y cine político representado en el gran conflicto entre Iron-Man y el Capitán América-, necesariamente tenía que llegar a un final. Y si el viaje ha sido intenso, no bastaba con eso: necesitábamos una conclusión gloriosa.

Iron Man, uno de los personajes que se salva del chasquido de Thanos en la anterior película

No hay que andarse con rodeos: Vengadores: Endgame es un final redondo para el mejor proyecto de entretenimiento del cine contemporáneo, al menos desde el cierre de la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson –El Hobbit no cuenta-. Quizá un punto por debajo en la inflamación de pasiones si se compara con el relanzamiento de Star Wars, pero muy superior en todo lo demás -taquilla, guiones, captura del zeitgeist, momentos icónicos, aunque sólo sea por acumulación-, tanto es así que Marvel representa el auge, saturación y espíritu de renovación del género de superhéroes. En definitiva, ha marcado toda una década de Hollywood. El final no podía ser una birria, y ha terminado siendo una bacanal de estímulos en la que, de manera impecable, se han cerrado todas las tramas sin escatimar en la sorpresa, quizá inesperada, pero necesaria, de la muerte del héroe.

Vengadores: Endgame, en tanto que última entrega de un ciclo épico, necesitaba responder a ciertas convenciones del género heroico. Y una de ellas es que el héroe, al final, o muere o se transforma. Forma parte de su viaje, desde la antigüedad -el Poema de Gilgamesh, el Ramayana o La Odisea-, y en este caso es un final de trayecto con muerte al servicio del bien común. Si todo el proyecto Vengadores puede entenderse como una versión moderna de La Ilíada -el conflicto inacabable entre dos bandos, ninguno de ellos completamente bueno ni el otro completamente vil, todos con sus razones para prevalecer y luchar-, era lógico que el equivalente a Aquiles en esta saga pereciera en combate. Toda la espectacularidad se condensa en un gesto de generosidad infinita, resumen de tres horas de estar pegado a la silla.

El Capitán América, preocupado por salvar a los compañeros desaparecidos

¿Y ahora qué? Ahora, la saga continuará, pero con nuevos protagonistas y nuevas amenazas. Las tramas están por ver, la fase cuatro aún no ha comenzado. El nuevo personaje central, como ya se ha podido ver gracias al tráiler de Spider-Man. Lejos de casa (estreno en julio), será el Hombre Araña, y eso es la promesa de algo grande. Fin del viaje, ahora comienza otro, y superar el listón de las tres primeras fases del Marvel Cinematic Universe no va a ser fácil. ¿Lo importante es el viaje? Sí, pero no nos pasemos de cursis. Los finales importan.

Javier Blánquez (Barcelona, 1975) es periodista especializado en cultura, editor y profesor de historia de la música moderna.
Es colaborador de diferentes medios de comunicación españoles –el diario El Mundo, Time Out Barcelona, Beatburguer–, así como de la editorial barcelonesa Alpha Decay, y ha coordinado el libro colectivos Loops. Una historia de la música electrónica (2002 y 2018), junto a Omar Morera, para la editorial Reservoir Books.
En 2018 ha publicado también, esta vez como autor, la continuación, Loops 2. Una historia de la música electrónica en el siglo XXI.
Fruto de su interés por la música clásica, que compagina con la música electrónica desde hace años, ejerce también la crítica de ópera en El Mundo y publicó en 2014 el ensayo Una invasión silenciosa. Cómo los autodidactas del pop han conquistado el espacio de la música clásica en la editorial Capitán Swing.