Elena Martín (Barcelona, 1992) se dio a conocer, como actriz, con “Las amigas de Ágata” (2015), que correalizaron las noveles Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen. Después, ella debutó en la dirección con “Júlia ist” (2017).

Tiene su propia compañía de teatro, el colectivo VVAA, y ahora presentará en el Festival D’A barcelonés uno de sus últimos trabajos delante de las cámaras, el corto de Irene Moray “Suc de síndria”, ya aplaudido en los festivales de Berlín y Málaga. Además, es una de directoras de la serie de Movistar+ “Déjate llevar”, recientemente premiada en el certamen Cannes Series. Hablamos con Martín sobre cine, teatro, televisión, independencia creativa, trabajar colectivamente, conectar con el público o la importancia de las mujeres en la industria. Sobre pequeños y arriesgados proyectos y sobre llegar a final de mes.

Acabas de volver de Roma. ¿Qué has ido a hacer allí?

Hemos ido a una galería que llevan los de The Orange Garden, para hacer una performance de “Pussy Picnic”, que es un proyecto del colectivo VVAA. Era la clausura de una exposición que se llamaba “Role Play”, sobre nuevas identidades de género y otros temas relacionados. Después, hicimos un DJ Set, y de vuelta a casa.

Perdón, ¿qué es un DJ Set?

Es una sesión de DJ. La montaron Clara Aguilar y Laura Weissmahr, que son dos miembros del colectivo que, de vez en cuando, pinchan juntas.

¿Cuál crees que fue el secreto del éxito de “Las amigas de Ágata”? ¿Su frescura? ¿Su capacidad para permanecer como un retrato generacional intemporal?

Fue una película hecha con muy pocos complejos y recursos, un trabajo de final de carrera que no pretendía nada y, de repente, contenía un fragmento de verdad. Además, coincidió en que éramos cuatro actrices y cuatro actrices jóvenes… todo el pack era un poco una novedad. Es una película muy honesta y muy delicada. Funcionó por el relato que había detrás. 

A partir de “Las amigas de Ágata” y de tu debut en la realización, “Júlia ist”, en todas las entrevistas, incluida esta, te preguntamos sobre el papel y la visibilidad de las mujeres en el cine, delante y detrás de las cámaras. Como si tú fueras una portavoz o algo parecido. ¿Asumes que, durante un tiempo, no te faltarán este tipo de preguntas?

Creo que tiene sentido que se me pregunte sobre el tema. Aunque también hay maneras y maneras de preguntar… Está la pregunta que no quiere una respuesta sincera tuya, y está la pregunta que sí que te da voz. Y estas últimas dan mucho gusto responderlas. Por desgracia, hay muchas preguntas que se hacen desde la defensa, y eso ya es un poco más complejo.

Autor: Pol Rebaque

¿Desde la defensa? ¿La autodefensa? ¿Te refieres a desde ciertos prejuicios?

A veces he tenido que oír una frase que me parece surrealista: “Claro, ahora está de moda que las mujeres dirijan”. La frase en sí lleva una carga que parece una película de terror, ja, ja.

Eres una de las codirectoras de la serie de Leticia Dolera “Déjate llevar”, que acaba de triunfar en el festival de series de Cannes. ¿Cómo ha sido esta inmersión en el mainstream? ¿O no ha sido tan diferente a lo que has venido haciendo hasta ahora en el cine o el teatro independientes?

Al final, a un nivel profundo, no ha sido tan diferente. Porque no deja de ser una serie de autor, o de autora, porque la ha escrito Leticia Dolera y también la protagoniza. Aunque no sea una auto-ficción, “Déjate llevar” tiene mucho del propio punto de vista de Leticia sobre las cosas. Y yo puedo empatizar mucho con eso, y no porque “Júlia ist” fuese autobiográfica, sino porque la intención que ha movido a hacer la serie la entiendo y la puedo compartir. Para mí, sí que ha sido distinto porque nunca había dirigido a un equipo de 50 o 60 personas. Y no había trabajado con los tempos de la televisión. Pero, en todo el proceso, he estado muy cerca de Leticia y de Ginesta Guindal, que es la otra codirectora. Leticia funcionaba más como la showrunner del proyecto. No, no he tenido una sensación de entrar en un producto mainstream frío, mecánico o industrial, porque es una serie hecha con mucho cuidado.

Pero ahora has tenido que ir más a saco, ¿no? ¿Eran unas 15, 20 decisiones por minuto? ¿Tienes una formación y experiencia técnicas suficientes para afrontar un reto como ese, donde los conceptos “rapidez” y “efectividad”, y no por este orden necesariamente, estaban siempre ahí?

Cuando me llamó Oriol Maymó, el productor de “Déjate llevar”, para dirigir dos capítulos, le dije: “¿Pero qué os habéis fumado? ¡Que yo sólo he hecho una película con mis amigos, ja, ja!”. ¿A quién se le ocurría darme esta responsabilidad? Oriol me dijo que Leticia confiaba mucho en mí, y que me reuniese con ella. Nos entendimos muy bien y me gustó mucho el guion: me divertí leyéndolo y me emocionó. ¡Y venga! Tampoco podía decir que no a oportunidades así. No se trataba de tener muchos conocimientos técnicos extremos, sino que era una cuestión de actitud y de tener confianza en una misma. Entendí que dirigir es tomar decisiones para que el equipo se pueda mover. Y el equipo estaba lleno de jefes y jefas de equipo súper profesionales.

¿Hubo algún momento en el larguísimo proceso de “Júlia ist” de casi tirar la toalla, de darte por vencida?

Tuvimos momentos de crisis, de bloqueo, de estancamiento, de preguntarnos: “¿Cómo solucionamos este problema o esta trama?”. Eran problemas de producción o de guion: ahora, de repente, este actor ha caído del reparto… Pero, justamente, si la película salió adelante es porque en ningún momento tiramos la toalla. Y repetíamos las secuencias o los planos hasta que saliesen. Una vez comprometidos con la película, no contemplábamos la opción de dejarla caer. No era viable. Incluso era un tema emocional: no podíamos matar tanto tiempo de trabajo.

Algunas personas que nunca ha visto un espectáculo de VVAA dicen que, desde fuera, parece que sean unos montajes muy “abstractos”. ¿Es cierto? ¿De qué hablan vuestras obras?

Es curioso, porque lo que hemos comprobado en todos los montajes de VVAA es que los códigos en los que nos movemos son abstractos o experimentales, pero, al final, todos somos de la misma generación, y nos gusta el ritmo y nos fascina la cultura pop. En consecuencia, los montajes acaban siendo súper cercanos, a nivel temático y de referentes. Todos son inmersivos, con el público metido entre los intérpretes. También se repite la estructura fragmentada. O sea, nunca explicamos una historia de inicio a final con las tramas de los personajes, sino que se mezcla ficción y discursos. Siempre hay música en directo y piezas audiovisuales. Sí es verdad que la estructura puede ser definida como “abstracta”, pero no se trata de una cosa…

‘Las amigas de Ágata’

…Fría y lejana.

Exacto, no es ni fría, ni lejana. Ni súper intelectualizada. Son montajes teatrales muy cercanos.

O sea, importa tanto el texto como la forma.

Sí. Desde el principio, todo el equipo está involucrado en el espacio, la música, etcétera. El texto se va construyendo a la vez que la forma. Creamos escenas que casi no se pueden escribir, porque surgen de la luz o de una improvisación de un actor con un micro. Llevamos hechos cinco espectáculos, y sí que hay ideas que recogemos de aquí y de allá, de nuestros trabajos previos juntos. Pero, en general, las cosas que realmente nos emocionan surgen de la creación en vivo, de la novedad inesperada.

¿Hay un miedo a no repetirse, a apalancarse en ciertos códigos y temas ya conocidos? Vaya, ¿un miedo a relajarse?

Todos y todas somos muy expansivos y expansivas, y, al final de un proceso, tenemos una primera escaleta de la obra con… ¡90 escenas! Hasta que llegamos a la pieza final tenemos que renunciar a muchas cosas que nos parecían muy potentes. Siempre debemos de tener un reto que nos ponga a prueba, combinado con temas anteriores, reformulados. Recoger una idea que, antes, dejamos a medias, e ir más fondo ahora con ella. Por ejemplo, en “This Is Real Love”, que es el último espectáculo que hemos hecho, seguimos con la historia de tener al público entre nosotros, pero, en esta ocasión, está de pie. También hemos introducido una especie de subasta, recogiendo una idea de “Pussy Picnic”, donde ya hablábamos de temas económicos.   

¿Esperabais de “Suc de síndria” tuviese esta recepción y generase tanta expectación? Después de Berlín y Málaga, en breve se proyectará en el Festival D’A barcelonés. Y es que, en general, los cortos pasan desapercibidos, a no ser que vayan a los Oscar, claro.

La directora, Irene Moray, no se lo esperaba. Y yo tengo que decir que un poco sí. Porque vi trabajar a Irene y pensé que lo suyo no era lo habitual. Ella tiene mucha magia, y esa manera en la que conducía al equipo y a los actores… Celebro que suceda esto, porque, a veces, te encuentras con trabajos que han sido hechos con mucho amor, pero no llegan al público o a los festivales.

“Suc de síndria”, que coprotagonizas con Max Grosse, explica cómo, de golpe, la relación de una pareja se rompe por algo que explica ella. ¿Cómo reacciona el público que ya ha visto el corto de Irene Moray?

Los pases en los festivales son intensos. A menudo, los cortos se proyectan en un mismo programa junto a otros cortos, y, cuando llega el turno a “Suc de síndria”, se hace un silencio en la sala, ja, ja. Se nota que el ambiente está cargado. Después, algunos hombres y mujeres se acercan y nos dicen: “Gracias por haber hecho este corto. Me he sentido muy identificada o identificado”. En los coloquios hablamos de temas intensos que se tienen que tratar con delicadeza.


Autor: Pol Rebaque

Para quienes no hayan visto aún “Suc de síndria”, mantengamos el secreto sobre el TEMA, así con mayúsculas, del film. Otro trabajo reciente como actriz ha sido “Con el viento”, ópera prima de Meritxell Colell.

Meritxell es una directora muy potente, pero, a nivel de salas de estreno, “Con el viento” no ha podido tener una programación muy regular. Ha ido muy bien en festivales. En realidad, es una historia súper emocional que conecta perfectamente con el público de la calle.

No es una cinta difícil.

No es difícil, es una tierna historia alrededor de las relaciones familiares. Fue un rodaje muy gustoso, porque teníamos tiempo para hacer las cosas. Fue un trabajo guay de artesanía.

A muchos se les ha hecho extraño verte, recientemente, vestida de época en la TV-movie “La dona del segle/La mujer del siglo”, una coproducción de TV3 y TVE, dirigida por Sílvia Quer. ¿Tú también te has visto rara?

Sí, ja, ja. A pesar de que siempre he pensado, desde pequeña, cuando veía las películas de época, que tengo cara de antigua.

Hasta ahora, tu currículum y tu trayectoria no han ido por ahí, porque has contado y escenificado relatos muy de este siglo. Y no de principios del XX, como es el caso de esta TV-movie sobre la eclosión del feminismo.

Para presentarme al casting me avisó la productora, Miriam Porté, a la que conozco porque las dos estamos en Dones Visuals, que es la asociación de mujeres del mundo audiovisual en Catalunya. Tanto ella como Sílvia querían un personaje femenino fuerte y potente. A mí me apetece trabajar en formatos a los que no estoy acostumbrada. Viniendo como vengo del underground, donde te lo tienes que hacer todo tú, y hay un desgaste y una dureza muy fuertes, encontrarse con un proyecto como este era la hostia. Yo se lo decía a Sílvia: “Estás allá, te llevan de aquí a otro sitio”. Sí, me hizo gracia vestirme de época. Sin rodar antes como actriz “La dona del segle” no hubiese podido estar dirigiendo después la serie de Leticia Dolera. ¡Me hubiese dado un patatús!

Pero seguro que, durante las pausas del rodaje de “La dona del segle”, estabas con el móvil controlando otros temas, apagando otros fuegos.

Sí, claro. En mi vida profesional, siempre se mezclan proyectos. Pero, en ese momento, paré o frené un poco los viajes a festivales de “Júlia ist”. ¡Llevaba un año y medio viajando cada semana! Y era el momento de volver a aterrizar en Barcelona. Eso sí, después del rodaje, continué con los viajes.

Hasta aquí, hemos hablado de temas muy espirituales y poéticos. Vayamos, pues, a la prosa. ¿Te preocupa no llegar a final de mes?

Ahora, no. No gasto mucho, ni tengo muchas necesidades. Me lo gasto casi todo en comida. Me gusta mucho comer. Con la TV-movie y con la serie de Leticia Dolera he estado ahorrando. No puedo decir que voy sobradísima, pero no me preocupa no llegar a final de mes. Durante la época de “Júlia ist” estuve muy mal de dinero, porque la película suponía una inversión constante. Afortunadamente, podía arriesgarme porque mis padres estaban ahí, apoyándome. En un plazo breve, no tengo un trabajo en la industria, que es lo que, al final, te da dinero. Y, además, estoy escribiendo. Pero, cuando me pillo a mí misma preocupándome por estos de la pasta, intento frenarme. Doy clases aquí y allá. Me gusta mucho la docencia, y, si me ofrecen dar un curso, lo hago. También estuve en la SGAE en un workshop de tres días. O sea, voy cuidándome de que no se me vaya la pelota en el tema económico.

Una curiosidad: en una compañía tan underground, punki o hippie como VVAA, ¿quién se encarga de las cuentas, de que los números cuadren?

¡Es una buena pregunta! En VVAA somos demasiados artistas juntos, y no hay una sola persona que haga sólo esto, pero sí que hay alguien al que le va más el tema, que tiene más facilidad para estos asuntos. Igualmente, es un pitote. Por suerte, hay gente que ya está establecida que no sólo nos apadrina y acompaña, sino que nos aconseja y nos ayuda en estos temas y en otros. Hay un tapón generacional, es evidente, aunque también hay personas de generaciones anteriores dispuestas a colaborar con nosotros. Estoy hablando de compañías como La Brutal, o de Dietrich Grosse y Montse Majench. En más de una ocasión, algunos de ellos o ellas nos han dicho: “¡Chicos, organizaos!”. Es complicado, porque trabajamos de una forma muy poco jerárquica, y, además de experimentar en nuevos formatos, lo hacemos con nuevas formas de producción. El sistema no está hecho para que tú puedas tener tu propia forma de empresa: hay unos modelos, y te tienes que encajar en ellos. Estamos en el proceso de ver cómo podemos hacerlo sin perder nuestra esencia, pero aún no lo hemos encontrado.

‘Julia Ist’

Tiempo al tiempo, poco a poco.

Si todavía existiese el mecenazgo, sería una vía perfecta para nosotros.

Transmites tranquilidad. Y sonríes mucho. ¿Son dos máscaras para ocultar un saco de nervios?

Hay bastante de eso, sí. No son unas máscaras voluntarias. Soy muy nerviosa, y necesito imponerme un ritmo de ir paso a paso. Si no, si me alineo con mis nervios, si mi parte interna se junta con mi parte externa, me explota el cerebro. Por otra parte, soy una persona optimista y, en general, confío en las cosas, y pienso: “Saldrá, tranquilos”. Mi padre es una persona que, externamente, transmite bastante tranquilidad. Lo he heredado de él. De mi madre tengo más el genio. Ella lo saca con mucha prudencia. Muy bien sacado.

¿Ves con ilusión la instalación de empresas como Netflix en España? ¿Esperas que, aparte de producir series para todos los públicos, también se acerquen a propuestas audiovisuales más arriesgadas, minoritarias y alternativas? ¿La experiencia de “Déjate llevar”, en Movistar+, es la prueba de que puede haber un lugar para el riesgo, para el punto medio entre rareza y comercialidad?

A mí los términos medios me gustan. Movistar+ ha producido muchas series que se apartan de lo normal.

Como “Vergüenza”, creada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero.

Exacto. Yo estoy en el underground, de acuerdo, pero, si observas lo más radical que hemos hecho, que es “Pussy Picnic”, incluso eso es fácil de entender para el público. Y lo mismo pasaba con “Júlia ist”, que era una peli pequeña que se había hecho desde un espíritu muy de batalla, pero que era muy accesible. Yo no quiero hacer cosas para la élite. Me gusta la experimentación y el riesgo, pero que todo esto llegue al mayor número de gente posible. No quiero hacer algo para pocas personas.

‘Suc de síndria’

Y, de paso, estaría bien que films como “Júlia ist” no se programasen en las teles a medianoche, sino en un horario de prime time. O de más o menos prime time.

Correcto.

¿Qué películas veías de pequeña? ¿Y cuáles ves ahora? ¿Son muy distintas?

Es una pregunta que siempre me cuesta mucho responder, ¡porque veo tantas cosas! ¡Y soy tan poco mitómana! No suelo seguir la trayectoria de una persona en concreto, sino que veo películas muy distintas, y cada una de ellas me influye de una manera diferente.

No hablemos, pues, de referentes creativos. Hablemos sólo de gustos cinematográficos que, quizás luego, sí influyan en tu visión artística.

De adolescente o preadolescente, las primeras películas que me fliparon fueron “Pulp Fiction”, “El Club de la Lucha” o las de Woody Allen. Films que, justamente, estaban entre el cine de autor y lo comercial. Durante la carrera de Comunicación Audiovisual, descubrí la parte más cinéfila e intelectual de este arte. Hice muchos trabajos sobre Manoel de Oliveira. Una de sus obras, “El extraño caso de Angélica”, me emocionó mucho. Hace relativamente poco, descubrí a Miranda July, que realiza pelis y performances, y escribe poesía. Y es actriz. No acaba de definirse en una única profesión. Me puedo reflejar en ella en esto de trabajar en varias cosas a la vez. Cuando rodaba “Júlia ist”, Mia Hansen-Love fue un gran referente. Me gustan mis contemporáneos, me motivan, porque es gente que está viva, personas de carne y huesos que tengo más o menos cerca. Para el teatro, me fijo en los mundos cinematográficos de Yorgos Lanthimos o Roy Andersson, con sus códigos interpretativos que se salen del naturalismo.

¿Y cine made in Hollywood de palomitas también?

Yo digo que sí, de entrada, pero realmente no soy una gran consumidora de este tipo de cine. Tengo amigos y amigas que son muy de Marvel, y, si me proponen que les acompañe, igual les respondo que sí. También te digo que a mí “Chicas malas”, de Mark Waters, me parece un peliculón.

¿Conoces “Clueless”, de Amy Heckerling, dentro del mismo género? Para ir a la cinta fundacional.

Ah, pues no. Me la apunto. Soy más del Hollywood en formato serie que no en formato película. Me encanta “The Handmaid’s Tale”. Y, en su momento, me comí “Perdidos” con patatas. Acabo de ver la segunda temporada de “The OA”. Me gusta mucho Brit Marling. Me fascinaron “Transparent” y “I Love Dick”.

‘La dona del segle’

¿Acabamos con la pregunta inevitable de los proyectos?

Estoy comenzando a escribir una película, pero voy lenta. Me estoy adentrando en un tema que es complejo, y quiero hacerlo bien. Es una peli muy diferente a “Júlia ist”. Y con una complejidad narrativa también distinta. Aún estoy dibujando el mapa.

¿Es un proyecto con algún productor importante detrás, que, muy de vez en cuando, te llame para preguntarte, simplemente, “cómo va la cosa”?

Sí, Lastor Media. También estoy trabajándolo con mi amiga Marta Cruañas, con quien coescribí “Júlia ist”.


Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.