El mundo de Juego de Tronos ya no volverá a ser el mismo

Así lo advertía la serie cambiando su opening para esta última temporada. El habitual paseo por el mapa se encontraba ahora marcado por el boquete que se había producido en el muro y los cambios que esto iba a ocasionar en el universo de la serie tal y como lo hemos conocido hasta ahora. De la misma manera, el mundo de la televisión no volverá a ser el mismo tras el paso de Juego de Tronos. La serie ha hecho caer otro muro: el que separaba las ficciones televisivas, siempre con medios más escasos, de las grandes producciones cinematográficas.

A pesar de que el cine todavía va un paso por delante en cuanto a tecnología, la distancia se ha reducido considerablemente gracias a la persistencia de Juego de Tronos en este terreno y el trabajo de unos especialistas decididos a que la ficción doméstica sea tan espectacular como la ficción de las salas de cine. Este deshielo se ha producido de forma paulatina, con el aspecto visual de la serie mejorando a cada temporada hasta que hubo un punto en el que uno tenía que acordarse de que lo que estaba viendo era una serie. Un espectáculo así era impensable en televisión hace apenas unos pocos años.

Juego de Tronos quiere una proeza difícil de superar en los próximos años.

Este será el gran legado de Juego de Tronos, una batalla que la serie ya tiene ganada, independientemente de quien se siente al final en el trono (si es que queda trono). Sin embargo, en la última temporada podría dejar el listón todavía más alto. Este parece ser el objetivo de los creadores y productores de la serie, a juzgar por cómo parece que se ha planteado la última tanda de episodios: sólo seis entregas, de las cuales cuatro tienen una duración cercana a una película.


La serie se ha permitido escenas en las que se han apuntalado los dilemas de los protagonistas y se ha mirado en retrospectiva la historia de muchos de ellos

De hecho, las dos primeras (que son las que hemos podido ver en el momento de escribir este artículo) se han diseñado casi como un preámbulo del espectáculo que está por estallar. Esta intención se ha marcado sutilmente con la escena de Podrick cantando en el segundo episodio que remite claramente al canto de Pippin en la trilogía de El Señor de los Anillos. Que la serie tome como referente a unas películas que hasta hace muy poco eran lo más espectacular que se había visto en el cine (en una ficción del mismo género) dice mucho de la seguridad que tiene en si misma en la recta final y del camino trazado hasta ahora. Juego de Tronos quiere su batalla del Abismo de Helm. O dicho de otro modo, quiere una proeza difícil de superar en los próximos años.

No va a faltar quien lo intente. Por la brecha que hay ahora en el muro que separaba televisión y cine están entrando a la televisión franquicias como Star Wars, los superhéroes de Marvel o la mencionada El Señor de los Anillos. Que estos nombres, tan asociados al espectáculo cinematográfico, lleguen a la televisión confirma el cambio. Pero lo más interesante de Juego de Tronos es que la serie se ha convertido en una superproducción digna de la sala de cine sin permitir que los alardes visuales pasen por encima de la historia. Los dos primeros episodios de la última temporada se han dedicado, precisamente, a los personajes.

Mientras se movían piezas necesarias para el argumento, la serie se ha permitido escenas en las que se han apuntalado los dilemas de los protagonistas y se ha mirado en retrospectiva la historia de muchos de ellos. La reflexión y el balance se han combinado con momentos emotivos y un humor teñido de tristeza que anticipa un final en el que no parece que vaya a quedar nadie vivo. En un universo alimentado por el conflicto, los personajes han aparcado brevemente sus diferencias para hermanarse ante el destino que llama a la puerta. Dice Jaime Lannister que es una cuestión de supervivencia. Sobrevivir a la invasión de los caminantes blancos, un evento a gran escala tras el que ya nada (tampoco la televisión) será igual.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en El Món de Rac 1, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y Web Crític. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guión Showrunners BCN e le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya, 2014.