Con “Nosotros” Jordan Peele revalida que el verdadero cine de autor actual es el de terror, el género que más y mejor habla del mundo en que vivimos.

“Nosotros”

“Déjame salir” de Jordan Peele fue un éxito de crítica y público en todo el mundo, y uno de los principales motivos los encontramos en su propia configuración como película de terror: hace miedo, y mucho, porque nos habla de realidades tangibles que percibimos como cercanas, pero también porque vemos un relato que nos cuenta las derivas morales del mundo. En este subtexto hay espacio para el humor, porque después de todo, tener miedo es necesariamente el contraste de reflejar la realidad con lo que tiene de absurda.

Es exactamente lo que ha hecho Peele con su siguiente trabajo, “Nosotros”, que también está triunfando des del punto de vista comercial y artístico. Se trata de una película muy inquitante, a veces realmente terrorífica, que como su mismo título indica habla de nosotros, de nuestros rincones más oscuros y de la aceptación de nuestras fragilidades. Y de nuevo en un contexto político y social que reconocemos como propio.  También nos hace reír, porque Peele no entiende el miedo como un fenómeno rígido o fruto de la afectación, sino como un registro emocional que es inherente a nuestra existencia.


Porque tenemos miedo y hacemos bien de tenerlo, porque es así como aprendemos a conocernos

Peele sintetiza, en su estilo, una idea que se ha ido consolidando en los últimos años: el verdadero cine de autor contemporáneo es el de terror, el que más y mejor habla del aquí y el ahora. Ahora no vamos al cine para ser simplemente asustados, porque el género se ha erigido en todo un apuntador de lo que nos rodea.  Porque tenemos miedo y hacemos bien de tenerlo, porque es así como aprendemos a conocernos.

No es un fenómeno nuevo, porque la historia del cine ya tiene unos cuantos puntos de inflexión gracias a los grandes autores del terror. Tod Browning, John Carpenter, Wes Craven, David Cronenberg, Tobe Hooper o George A. Romero, por citar uns cuantos, son el paradigma. Pero en lo que está pasando ahora hay una variante significativa, y es que el género ha logrado una globalidad y transversalidad que hasta ahora eran casi inéditas.

 Las películas de aquellos grandes maestros eran rentables partiendo de presupuestos muy bajos, y era el paso del tiempo el que los convertía en iconos. Era un momento en que el cine de terror era visto como un producto minoritario o, en el mejor de los casos, como el fruto de una demanda muy sectorial, pero se le negaba una categoría artística que solo con los años conseguía legitimar. También había otro fenómeno, consistente en los autores ya consolidados que hacían incursiones en el cine de terror y contribuían en prestigiarlo en contextos comerciales que no le eran favorables precisamente.

Ahora, en cambio, el terror es “mainstrem” de entrada y se produce desde los grandes estudios. Conscientes del legado que tienen entre manos, sus artífices no se limitan a explorar el molde: lo quieren reinventar. No es una moda, o un capricho conyuntural, sinó que se ha hecho estructural, porque es la mejor expresión de nuestra era. Eso vale para Peele, para James Wan, para David Robert Mitchell (quien también resume a la perfección el momento en que nos encontramos: solo hace falta ver “It Follows” y “Lo que esconde Silver Lake” para darse cuenta de cómo se construye una identidad creativa), para Mike Flanagan, para Andy Muschietti, para Robert Eggers o para Ari Aster, que a “Hereditary” ofrecía uno de los retratos más angustiosos jamás vistos de los terrores domésticos.

Al final todos estos cineastas, como sus ilustres predecesores, son autores porque aciertan a dar una visión mucho más personal de esas cosas que nos estremecen como individuos y como sociedad. Fantasmas, payasos sobrenaturales, sectas demoníacas, brujas medievales, muñecos de ventrílocuo o doppelgängers siniestros forman parte de un compendio de miedos que nos dan la justa medida de quien somos y en qué mundo vivimos. Peele tiene razón: todo esto va y emana de nosotros.   

Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.