En “After Life”, Ricky Gervais se enfrenta a temas tan complejos como el duelo y la pérdida sin perder de vista el humor políticamente incorrecto

La carrera de Ricky Gervais se ha basado hasta ahora en una gesta que, por los tiempos que corren, es incluso épica: hablar de temas muy dramáticos sirviéndose de un humor irreverente y a veces, políticamente incorrecto. Hay quien diría a la inversa, que el humor y el subtexto es más serio de lo que aparenta. Pero sería inexacto, porque después de todo nunca permite que la forma, que el chiste, se coma el fondo, la reflexión. Esto vale por el grueso de sus obras, ya sea “The Office”, “Extras” o “Derek”. Son, todas estas series, una extraordinaria demostración que se puede hacer humor alocado sin perder de vista la sensibilidad, y es por eso que Gervais ha conseguido el hito de hacernos reír mientras pensamos.

No se limita a dejar caer la bomba, sino que esta es la catarsis que nos permite razonar algunos de los grandes temas de nuestra cotidianidad. En “After Life”, su nuevo trabajo para Netflix, pone el dedo en la llaga de uno de los temas más difíciles de abordar tanto en la vida como en la ficción: la Muerte. ¿Tiene sentido la vida cuando pierdes la persona que más te importa? ¿Tiene sentido cuando percibes que ya no te da motivos para integrarte? La respuesta a estas preguntas son lo que crean los seis episodios de 30 minutos de esta espléndida serie que nos refleja la gestión del duelo, el papel del humor y nuestra capacidad de empatizar con los demás.  

Una extraordinaria demostración que se puede hacer humor alocado sin perder de vista la sensibilidad

“After life”

En “After Life” Gervais es Tony, reportero de un diario gratuito que ha decidido vivir sin filtros tras la muerte de su mujer. Verbaliza el dolor hasta extremos insólitos, no se calla nada de lo que piensa de los demás y hasta ha probado de suicidarse, pero nunca lo culmina para no dejar a su perra sin amo. Pero la realidad siempre te puede sorprender, aunque hayas decidido que no tienes motivos aparentes para creer en ella.

El principal mérito de esta serie, un verdadero compendio sobre el carácter tragicómico de nuestras vidas, es su capacidad de hacernos reír y llorar en una misma escena.

Gervais continúa fiel a su manera de explicar las cosas. “After Life” es una serie muy sencilla, muy costumbrista, y cada secuencia está planeada para interpelar el espectador: de alguna forma, cada debate que se abre, cada situación que se expone nos lleva a meternos en la piel del protagonista y reflexionar sobre nuestra propia posición moral. Tony, como Gervais en la sociedad del espectáculo, dice en voz alta estas cosas que nosotros sólo nos atreveríamos a pensar. Y al mismo tiempo su tragedia personal nos identifica, porque su pérdida apela a las nuestras, y íntimamente sabemos que su forma de vivirla es la perfecta representación de su complejidad.

El principal mérito de esta serie, un verdadero compendio sobre el carácter tragicómico de nuestras vidas, es su capacidad de hacernos reír y llorar en una misma escena. Plantea momentos de una intensidad dramática excepcional, pero cuando parece que las lágrimas son irreversibles se saca de la manga un gag o una ocurrencia que nos desarma, que nos fuerza a aceptar el poder balsámico de la sonrisa. Todo esto se debe a que “After Life” es, al final, un acto de extrema honestidad: una declaración de amor en la vida, pero también una lúcida diagnosis de sus losas. Es imposible acabarla y no pensar con emoción en el que hemos perdido, en lo que tenemos y en la importancia de tomarnos conciencia.

Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.