« Dolor y gloria » lo tiene todo para ganar la Palma de Oro. El Festival de Cannes todavía no ha anunciado la programación de su 72ª edición, que se celebrará del 14 al 25 de mayo.

No lo hará hasta mediados de abril, como manda la tradición. Pero sería muy raro que « Dolor y gloria », el magistral autorretrato de Pedro Almodóvar, que se estrena en nuestras salas el 22 de marzo, no acabe compitiendo en Cannes. Como todo el mundo sabe, el manchego es el « chou-chou » de nuestro cine en Francia. Incluso más que en nuestro país, donde al menos dos de sus películas (« Julieta » y « La mala educación ») han sufrido algo parecido a un boicot por causas ajenas a las mismas, y donde también ha encajado el rechazo sistemático de la crítica más reaccionaria.

En Francia, por lo contrario, se le adora. Un adoración casi unánime, compartida por la crítica, el público, y el festival de festivales, donde ya ha concurrido hasta en cinco ocasiones, cosechando diversos galardones, como el de Mejor Director por « Todo sobre mi madre » (1999) y el de Mejor Guion por « Volver » (2006). Eso sí, le falta la Palma de Oro, y « Dolor y gloria » lo tiene todo, como decíamos, para alcanzar la gloria sin demasiado sufrimiento. Queda por ver la calidad de los contendientes, que será alta, porque se espera que acudan tipos como Tarantino, Gray o Jarmusch. Pero incluso en el caso de una selección excelente, es muy probable que sigamos apostando por « Dolor y gloria ».

Flota en el ambiente la idea de que « Dolor y gloria » bien podría ser la mejor película de Almodóvar, algo que ya nos provoca una aguda migraña sólo de pensarlo.

Penélope Cruz en “Volver”

Flota en el ambiente la idea de que « Dolor y gloria » bien podría ser la mejor película de Almodóvar, algo que ya nos provoca una aguda migraña sólo de pensarlo. Lo que sí es seguro es que el filme se recibe como el colofón de una filmografía rutilante, como un testamento en el sentido que le otorga la RAE de «obra en que un autor, en el último período de su actividad, deja expresados los puntos de vista fundamentales de su pensamiento o las principales características de su arte, en forma que él o la posteridad consideran definitiva ».

A sus 69 años, Almodóvar está en plena forma artística, la película lo demuestra con creces, y está claro que le queda mucho por hacer y decir, pero « Dolor y gloria » es un crucial compendio de lo mejor que nos ha dado hasta ahora, por lo menos de su última etapa, y es de prever que su siguiente paso –la serie que se supone que prepara para Netfix- será un fresh new start. Por lo pronto, tenemos « Dolor y gloria » que, para el espectador, es sobre todo lo segundo. Gloria bendita.

Penélope Cruz, de madre como ninguna, en una nueva reencarnación del papel que siempre borda para Almodóvar.

Como ya sabrán, Antonio Banderas, en su mejor trabajo hasta la fecha, ofrece una abrumadora réplica de ficción del propio Almodóvar, un cineasta llamado Salvador Mallo que, como el Fellini de « 8 1/2 », atraviesa una fase de bloqueo creativo, en este caso causado por mil dolencias físicas resumidas en una inenarrable animada por Gatti, que, en su empeño enumerativo, nos trajo caprichosamente a la mente el momento « los viajes de Victor » de la interesante adaptación que Roger Avary llevó a cabo de « Las leyes de la atracción », de Easton Ellis. Si nos ha venido a la cabeza un referente literario, quizás sea porque « Dolor y gloria » también está plagada de citas literarias, que van de Jordi Costa, y su « Cómo acabar con la contracultura », al mismísimo maestro de la intertextualidad : Enrique Vila-Matas.

Pedro Almodóvar y Penélope Cruz en “Dolor y gloria”

Sin revelar demasiado de todas las maravillosas sorpresas que depara « Dolor y gloria », diremos que arranca con Banderas/Mallo/Almodóvar sumergido en el líquido amniótico de la memoria, que rima con el río de su infancia, en donde se desarrolla una escena de lavanderas, de tono casi bíblico, en la que interviene Rosalía, de tonadillera angelical, y Penélope Cruz, de madre como ninguna, en una nueva reencarnación del papel que siempre borda para Almodóvar.

La primera parte del filme funciona como un tiro (nunca meior dicho), gracias a un extraordinario Asier Etxeandía, que encarna al actor con el que el director, a raíz de un homenaje de la Filmoteca Española, se reencuentra tras años de distanciamiento. Interviene, con mordaz ironía, la heroína, esa droga mortífera, tardío descubrimiento para el cineasta de ficción, que tiene un efecto proustiano en su mente, a la que irán aflorando los recuerdos de una infancia de despertares, vocacionales y sexuales. La segunda parte se ralentiza un poco, pierde algo de esa fluida melancolía, para concentrarse en dos nuevos bloques, el antiguo amante (Leonardo Sbaraglia) y la madre, ya en sus últimos estertores, ahora encarnada por una Julieta Serrano que evoca a la añorada Chus Lampreave.

La película se metamorfosea y cambia de ritmo, pero no se desequilibra. Sigue fluyendo, como el río y como el pis. Con una excelentísima dirección de actores, un guion sin fisuras y una maravillosa puesta en escena, que no decae en ningún momento, « Dolor y gloria » es, sin duda, la película de una vida, de toda una vida, y de toda una carrera. Se merece la Palma de Oro como poco. Y estamos seguros que tanto los franceses como González Iñárritu, anunciado presidente del Jurado de esta edición, sabrán verlo, y no dejarán pasar la ocasión. Mucha suerte.

Philipp Engel (Barcelona, 1970): Formado en estudios literarios, trabajó 10 años en la industria discográfica, para luego consagrarse en el periodismo cultural. Así, ha colaborado en distintos medios, como ‘La Vanguardia’, ‘El Mundo’, ‘Qué Leer’, ‘Sensacine’, ‘Sofilm’ y ‘Fotogramas’, entre otros muchos.