“Bohemian Rhapsody” y el próximo estreno de “Rocketman” confirman el buen momento de un género de extraña trayectoria: las biografías de estrellas de la música.

El biopic o película biográfica es un género desigual por definición, porque se debate constantemente entre la voluntad de aproximarse al mito (es decir, la visión que tiene el público) y el intento de entender a la persona, generando una tensión narrativa que en la mayoría de ocasiones conlleva una renuncia a la manera de centrarse estrictamente en el fondo. Es por eso que las biografías fílmicas se han acabado asociando a un estilo llano, telefílmico y, en muchas ocasiones, condescendiente: en el fondo sabes que lo que estás mirando no es la verdad, sino la versión de la realidad que quieren que veas, con el agravio incluido que los guiones han estado supervisados o aprobados por personas que no están nada interesadas en mostrar la cara real de los protagonistas.

En el caso de las películas sobre estrellas de la música, se introduce la variante que a sus vidas están todavía más normalizadas las incursiones en el lado oscuro, y por lo tanto acostumbramos a ver más la forja del mito que no su decadencia o sus errores. Son historias de autosuperación, de traumas no superados, de vidas truncadas que dejan extraordinarios legados. El interés acaba radicando más en la leyenda que no en la construcción del relato fílmico, porque este está totalmente condicionado por la fidelidad al itinerario existencial del personaje.

Rami Malek en Bohemian Rhapsody

Fijámonos en la mayoría de títulos sobre estrellas de la música de las últimas décadas. “La Vie En Rose”, “Selena”, “Tina”, “Ray”, “Get on up”, “The Buddy Holly Story”, “La bamba”, “Last Days”, “The Runaways” o “En la cuerda floja”, siguen teniendo interés, pero tienen una estructura casi idéntica que se entretienen mucho en la miscelánea alrededor de sus protagonistas (y más en concreto, en sus vidas sentimentales) pero muy poco en el proceso creativo de su obra. En el fondo, uno de sus problemas fundamentales de todos estos films es que dan por supuesto lo que los espectadores sabemos de las estrellas que retratan, y de alguna manera se limitan a encadenar la sucesión de estampas que apuntan nuestra visión del personaje.

“Bohemian Rhapsody” es la síntesis de sus virtudes y defectos: como relato fílmico alrededor de Freddie Mercury es claramente deficiente, porque es una visión parcial, blanqueada y interesada de la realidad

Hay, por supuesto, excepciones como “The Rose”, biografía encubierta de Janis Joplin protagonizada por Bette Middler; “Sid y Nancy”, una singular reconstrucción de la trayectoria del líder de  Sex Pistols; “Bird”, la extraordinaria reivindicación de Charlie Parker a cargo de Clint Eastwood; “Great Balls of Fire”, una sugestiva aproximación a la figura de Jerry Lee Lewis; “The Doors”, donde Oliver Stone acertaba poniendo imágenes de la atmósfera musical de Jim Morrison; y, sobre todo, “Velvet Goldmine” y “I’m not there”, de Todd Haynes. La primera, sobre la relación entre David Bowie y Iggy Pop, y la segunda, sobre las múltiples caras de Bob Dylan. Pero son, decíamos, despuntes de una loable originalidad dentro de un género que casi lo acaba confiando todo a la empatía que despierta su banda sonora.

Taron Egerton en Rocketman

En este sentido,“Bohemian Rhapsody” es la síntesis de sus virtudes y defectos: como relato fílmico alrededor de Freddie Mercury es claramente deficiente, porque es una visión parcial, blanqueada y interesada de la realidad, pero como viaje emocional a la influencia generacional de las canciones de Queen es muy eficaz y muchas veces, brillante.

Su enorme éxito mundial tendrá como consecuencia más inmediata el relanzamiento comercial del género, y el primer eco lo tendremos el próximo mes de mayo con la estrena del biopic de Elton John, “Rocketman”. Que esta película se esté presentando como una “fantasía musical” alrededor de su protagonista no deja de ser un acto de honestidad, porque al menos no nos la quieren vender como una realidad absoluta. La incógnita es si este film, como los que vendrán, persiste en el error de limitarse a elevar la estrella o, por lo contrario, hay quien aprovecha por hacer un cine personal y con espíritu crítico.


Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.