El incómodo retrato social de la serie de Movistar “Vergüenza”.


SPOILER ALERT

“Personaje cómico encargado de divertir a reyes y cortesanos con chocarrerías y gestos”. Así define la RAE el concepto, palabra, trabajo o incluso adjetivo bufón. Pero no se vayan, amigos, porque aún hay más: la segunda opción de la misma RAE es “truhán que se ocupa en hacer reír”.

Al bufón se le tiene que atar bien corto, porque, si no lo haces, te sale un Dani Mateo, un Andreu Buenafuente, un Ignatius Farray o un Pepe Rubianes.

Por un lado tenemos que el bufón siempre está al servicio de los otros, nobles o civiles, y no se le supone iniciativa propia ni la posibilidad de salirse del guión. Dos, el bufón es un truhán, un hombre o una mujer de mala vida, vicios mil y, posiblemente, poca formalidad y mucha destreza en la mentira. Conclusión: al bufón se le tiene que atar bien corto, porque, si no lo haces, te sale un Dani Mateo, un Andreu Buenafuente, un Ignatius Farray o un Pepe Rubianes, o te monta una serie como ‘Vergüenza’ (Movistar+), cuyo último capítulo de la segunda temporada acaba con uno de sus personajes metiendo un fuet en el trasero de otro personaje.

Y han saltado las alarmas. ¡Los bufones nos ofenden! ¡Los bufones son unos guarros! Y la derecha, ¿quién si no?, ha puesto el grito en el cielo. Perdón, la Derecha, con mayúsculas. Esa que no esfumó en 1978, y sigue ahí. 

¿Quién está detrás de ‘Vergüenza’? Pues Juan Cavestany, conocido, sobre todo, por la comedia destroyer, pero muy poco apreciada por la cultureta, “El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo” (2004), y Álvaro Fernández-Armero, autor de “Todo es mentira” (1994), la comedia generacional española por antonomasia. Sí, aquella en la que Penélope Cruz y Coque Malla tenían una mítica conversación en la cocina.

De la suma de las lúcidas mentes de Cavestany y Fernández-Armero ha salido una serie protagonizada por Jesús (Javier Gutiérrez en estado de gracia), un fotógrafo de bodas y comuniones obsesionado con dedicarse a la fotografía artística, y con una gran virtud/defecto: meter la pata. Lo que él piensa, lo casca. Se mete en un lío, y no sólo no sabe salir de él: mete a todos los que le rodean en el mismo agujero. Jesús es mentiroso, Jesús no entiende nada. Y Jesús trae de cabeza a su mujer (Malena Alterio, prodigiosa), se pelea con su suegro (Miguel Rellán, sublime) y no puede evitar decirle lo que piensa a su socio y amigo (un paciente y bondadoso Vito Sanz).

La gracia de “Vergüenza” está en la vergüenza ajena que te provocan las procacidades, las metidas de pata e incorrecciones de Jesús y su particular sentido de la vida. No, no es una serie cómoda de ver. Hay tropecientos chistes sobre cacas, se habla de racismo, homosexualidad, adopción, cocaína e incesto, y el sexo impregna todos los capítulos. No es el típico texto ligero, entretenido y algo banal que un bufón de manual representaría delante del rey de turno, mientras este bosteza indolentemente pensando en la sangrienta cacería de zorros o de elefantes que le espera esa misma tarde.

Jesús te puede caer mejor o peor, pero su labor de bufón desatado e imprevisible es iluminadora. ¿Cuántas veces nos hemos callado por miedo o educación?

Cavestany y Fernández-Armero, junto al intrépido productor Enrique López Lavigne, van mucho más allá: a sacarnos los colores, a retratarnos con nuestras pútridas miserias y, llevándolo a un extremo heavy metal, componer un incómodo retrato social donde un desaprensivo de apenas metro y medio destapa, sin querer, un entramado de hipocresías, secretos, costumbres caducas y neoliberalismos arrolladores.

Jesús te puede caer mejor o peor, pero su labor de bufón desatado e imprevisible es iluminadora. ¿Cuántas veces nos hemos callado por miedo o educación? Jesús, también conocido en la serie como Paquete, es nuestro hombre. Nos representa. Por cierto, ¿qué quiere decir chocarrería? Gracias, una vez más, RAE: “Chiste o dicho groseros”.

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.